28 de abril de 2017
Por Matías Verna (*)
“Se pasa de inocente a culpable en un segundo. El tiempo es así, torcazas que cantan en un árbol cansado” (Juan Gelman)
Desde que llegó por estos lugares, Daniel Gómez Hidalgo se quiso fugar o suicidar. “Cualquiera de las dos opciones me salvan”, decía. Y no se cansaba de afirmar su inocencia.
Un día lo encontramos justo cuando se lanzaba al vacío con el cuello atado a una sábana del Chiquito García que se había ido de traslado a comparecer al Juzgado de La Plata y le dejó encargada las cosas.
Lo atajamos en el aire y lo agarramos de los pies. El Gordo Martínez cortó la sábana con un tramontina y lo bajamos hasta sanidad por si presentaba lesiones.
“No pasa nada”, decía Daniel Gómez Hidalgo. “No pasa nada, lo mismo de siempre”.
El barrio lo acusó de violación. De abusar, violar y matar a una nena de cinco años, hija de un vecino de Daniel. Le incendiaron su casa, le pintaron las paredes tiznadas e hicieron piquetes y quemaron gomas en la comisaría de la ciudad.
Lentamente las visitas dejaron de llegar y cuando la soledad comenzaba a rondar por su celda, Daniel otra vez no quería vivir.
Los rumores y el acostumbramiento lo iban dejando muy solo.
A veces un corte profundo en las venas, otras el metal de una maquinita de afeitar por el estómago o una pastillas por demás lo invitaban a no seguir.
Daniel Gómez Hidalgo no tenía sentencia firme. Estaba procesado y acusado por la sociedad.
Era educado, sin estudios. Respetuoso. Sin tatuajes, ni vocabulario, carcelero. Sabía desempeñarse en albañilería, electricidad, plomería y algo de mecánica.
En la cárcel apenas bajaba de los pabellones a cebar unos mates a los jefes de turno y de paso no pensaba mucho, miraba la televisión, limpiaba oficinas y volvía a la celda.
Un día la confianza y la rutina traicionaron al personal y Daniel Gómez Hidalgo comenzó a caminar hacia la salida del penal y todos le abrían paso hasta que un guardia se dio cuenta de que se estaba yendo y lo agarraron a cinco metros de la salida.
“Perdón, perdón”, decía mientras se comía algunos sopapos en la nuca. El frustrado intento le costó días de castigo y pérdida de beneficios. La noticia corrió rápido por los teléfonos y los medios. Algunos jefes sin demasiada jerarquía fueron trasladados y el Guardia que recapturó a Daniel Gómez Hidalgo recibió un reconocimiento.
Un día antes de la sentencia, en un juicio que ocupó por varios días las tapas y las columnas de opinión de los diarios con expertos en sociología, psicología, niñez, educación y leyes para proteger a víctimas y bla bla bla como cuando suceden estas cosas, Daniel Gómez Hidalgo en su quinto intento por quitarse la vida, logró su objetivo y por ahorcamiento murió en el acto, aunque lo encontraron unas horas después, pálido, con el cuello estirado, el rostro relajado y la tristeza del primer día.
Lo peor sucedió después cuando declararon su inocencia, pero esa es otra historia.
(*) Es periodista y escritor. Nacido en Azul, vive actualmente en Olavarría: Recientemente publicó su séptimo libro, titulado “Crudo”. En esta sección compartiremos textos inéditos que detallan, con ficción y realidad, la vida en contexto de encierro, tanto de empleados del SPB como detenidos.
El torneo de Primera División, organizado por la Liga de Fútbol de Azul, afrontará mañana una jornada decisiva con la disputa de la duodécima fecha. La programación se adelantó por el Día de la Madre y tendrá varios encuentros importantes, tanto en la pelea por el liderazgo como en la lucha por ingresar a los cuartos de final.
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